
No cabe otro nombre, excepto vergüenza, para describir lo que sentimos algunos en España porque en pleno siglo XXI, la era de la globalización, la era del 2.0, la era de las oenegés, del personismo, la era de lo solidario, la del inmigrante atendido a pie de patera, la era de las asociaciones en defensa de los animales, la de los anuncios no-abandone-usted- a-su-perro-ni-al-abuelo-en-una-gasolinera, la era de la condena de los malos tratos, la de los centros de acogida, hogares para indigentes, chutódromos, viviendas de protección oficial… es una vergüenza, digo, que a estas alturas de la historia de la civilización, se den espectáculos tan degradantes como el de una persona, sangrando a chorros, habiendo sido empitonado en dos ocasiones por un toro, presumiendo ante cinco mil sádicos por haber acabado a sablazo limpio con el animal.
La ironía, además, es que la gesta de José Tomás es portada de medios que presumen de moral humanista por no dar noticias de boxeo. Me lo expliquen. ¿Boxeo no… pero tauromaquia sí? No seré yo, ojo, quien defienda el pugilismo, pero lo seguiré haciendo por encima del toreo hasta el día que toros y toreros salgan de un plaza levantándose los brazos mutuamente.