One for us!

Marzo 14, 2007

patti

(…) On the eve of this event I asked myself many questions. Should an artist working within the revolutionary landscape of rock accept laurels from an institution? Should laurels be offered? Am I a worthy recipient?” (… más en The New York Times)

 

Patti Smith, icono del rock, estrella del underground y reina de la calle Bowery, forma parte desde el pasado lunes del Rock and Roll Hall of Fame. La artista, neoyorkina de corazón aunque originaria de Chicago, fue agasajada en el Waldorf Astoria de Nueva York junto a los otros cuatro miembros entrantes en este año: R.E.M, The Ronettes, Van Halen y Grandmaster Flash and The Furious Five, que recogen para el hip hop el testigo de la música rock.

El de Patti es un reconocimiento tardío, teniendo en cuenta que seis años antes lo recibió (ejem)… Aerosmith. Pero es justificado como pocos. El rock actual como lo interpretan (el hype de) Franz Ferdinand o (la inanidad de) Maximo Park, no podría entenderse sin la pasión por la música que demostraron en los años 70 algunos geniecillos como Patti Smith, Iggy Pop, Lou Reed, John Cale, Tom Verlaine, Richard Hell, Andy Shernoff, Richard Meltzer, Jonathan Richman, Wayne Kramer, Johnny Thunders, Sylvain Sylvain, Martin Rev, Alan Vega… o los cuatro Ramone.

Las clases de Primaria deberían dedicar esta semana a la importancia de Patti en la historia de la música. Y me permito un consejo para los profesores: anímense a apartar a Franz Liszt y Johann Sebastian Bach durante unos días. Busquen esa gema que es Horses (1975) entre sus cintas de casette y vinilos de juventud. Hagan el watusi con sus alumnos. Salten. Bailen. ¡Y griten Gloria! Les aseguro que se lo agadecerán.

Por mi parte, escucharé cada día de esta semana, al despertar, esa extraordinaria frase que abre el disco: “Jesus died for somebody sins, but not mine”.

Nuna viene mal algo de poesía maldita para mojar en el café.