¿Más o menos higiénicos?

Esta tarde he tenido un momento de revelación. En pocos asuntos depositaba mi fé como en que cubierto era palabra que designaba al conjunto de cuchara, cuchillo y tenedor. Pues no. Parece que el concepto es mucho más amplio.

Cubiertos

“La Palabra del Día” es un boletín que remite a diario la pagina El Castellano, y que desentraña el origen etimológico e histórico de los vocablos castellanos. La comunicación de hoy explica que, según el Diccionario de la Academia (1727), el cubierto se define como “el servicio de mesa que se pone a cada uno de los que han de comer, compuesto de plato, cuchillo, cuchara, tenedor, pan y servilleta”. Una lectura previa al Diccionario de la Real Academia de la Lengua (RAE) me habría permitido conocer que allí – además de una primera acepción similar a la del año 1727 – se define cubierto como el “juego compuesto de cuchara, tenedor y cuchillo. Un alivio. No iba yo tan desencaminado. Es posible que la evolución en los hábitos alimentarios haya provocado una redefinición más simplista del término; el fast food ha podido acabar con el plato de cerámica (innecesario para degustar una hamburguesa, un kebap o un ramen) y el pan ha desaparecido de la dieta de muchos individuos preocupados por su línea. Pero la pérdida de la servilleta llama mi atención. ¿Nos habremos vuelto más cochinos que nuestros antepasados? ¿Qué utilizamos ahora para limpiarnos la boca después de ingerir alimentos? ¿Las mangas del suéter?

Evitando caer en catastrofismos sobre nuestra higiene alimenticia, existe otra explicación alternativa: las servilletas han abandonado su uso inicial en el conjunto del cubierto. El boletín amplía la definición de la RAE para explicar que “(…) porque la servilleta se ponía encima de todo, al conjunto se le llamó cubierto“. Ahora me explico que la servilleta se cayese del cubierto. ¿Cuál sería el motivo de cubrir los anteriores elementos con una servilleta? El único referente que conozco es la costumbre que tenía mi madre por tapar la comida con servilletas de papel hasta que nos sentábamos a la mesa. No lo hace para evitar que se enfríe (porque cubría hasta las ensaladas) y tampoco convivíamos con animales (a excepción de dos hijos hambrientos) que aprovechasen descuidos de su dueña para saltarse la dieta de pienso. Aquí podríamos encontrar una justificación: la higiene. ¿Se cubrirían los platos en el año 1727 por motivos de salud, por guardar los utensilios de comida de las infecciones que corrían por aquella época? ¿Se querría evitar su contacto con insectos y otros animales capaces de contagiar enfermedades? Las medidas serían, en todo caso, anteriores al gran debate organizado por la comunidad científica en España a finales del siglo XVIII para tratar las innovaciones sobre contagios y cuarentenas. ¿O quizás sería, simplemente, una costumbre para avisar de que la comida ya estaba preparada?

Sería muy gratificante conocer más en detalle esta cuestión, si no por conocer el origen histórico del término, al menos por alejarnos de un corolario que demuestre que, efectivamente, somos un pelín más descuidados que nuestros antepasados.

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