Y no será la última vez que ocurra

Uno, aquí sentado al teclado, recuerda que no hace demasiado tiempo utilizaba la línea circular de metro (o línea 6) para desplazarse desde Avenida de América hacia Nuevo Ministerios. Eran apenas dos paradas que me permitían tomar el cercanías a Alcobendas. Un trayecto fácil. O al menos eso parecía a priori, porque la experiencia me demostró todo lo contrario.

Aquellos usuarios habituales de Metro – y los responsables políticos no se encuentran precisamente entre ellos – saben cómo se las gasta el suburbano en esta ciudad. Entre otras lindezas, los trenes son antiguos, tienen una frecuencia irregular y algunas líneas no informan del tiempo que resta para la llegada del siguiente tren (¡sino del tiempo transcurrido desde que pasó el último!). Y todos sabemos que, a excepción hecha de la línea 5 (a la que algunos vecinos de Canillejas llegaron a proponer para formar parte del Patrimonio Histórico de la UNESCO), la línea circular, esa línea 6 de color gris que hoy ha sido noticia, es un esperpento valleinclanesco cuando llega la hora punta para los trabajadores y estudiantes de la capital que se desplazan a las afueras (o los ciudadanos de la periferia que se acercan a la ciudad) para desarrollar sus respectivas actividades.

Servidor, que utilizó aquel trayecto de dos paradas durante seis años consecutivos, admite haber visto de todo: masas humanas apretujadas luchando por elevar un brazo y alcanzar una barra de sujección, embarazadas pidiendo aire y un asiento de forma desesperada, ancianos aplastados contra las puertas cual peces ventosa en el acuario, ejecutivos que luchan contra la masa para alcanzar la alarma con el paraguas, estudiantes con la carpeta de apuntes pegada al rostro tras recibir por sorpresa a otros 50 viajeros en el vagón. He visto trenes pasarse de frenada cincuenta metros levantando el flequillo del más valiente del andén, he sufrido parones de más de veinte minutos (algunos dentro del túnel, algunos otros en completa oscuridad), he visto desfilar cuatro trenes vacíos consecutivos ante los ojos de una multitud que, con un rictus entre somnoliente y melancólico, los despedía en el andén como quien ve pasar Cristos en Semana Santa. He escuchado gritos, quejas, menciones a las madres de varios responsables públicos. He escuchado siempre de todo, menos lo que la gente desesperada espera (valga la redundancia): una explicación a través de los altavoces internos de lo que está ocurriendo. Y no una explicación como las que nos suele ofrecer Metro de Madrid en estas circunstancias (“Este vagón estará parado durante 15 minutos”), sino una verdadera justificación de la disfunción con quienes, realmente, financian buena parte de sus actividades. El viajero, apretujada su nariz contra la axila de su compañero, quiere saber si tan deliciosa experiencia es motivo de qué-tipo-de-avería, durante cuánto tiempo y una actualización constante de los detalles. Alguna llamada a la serenidad tampoco vendría mal. Y por supuesto, una sentida disculpa que, en un suburbano civilizado sería lo primero que debería emitir esa voz de ultratumba que suele asomarse a los micrófonos.

Evidentemente, ninguna de las prerrogativas anteriores (excepto las referidas al caos y a la despreocupación de los responsables de Metro de Madrid) se cumplieron esta mañana durante el incidente que ha mantenido sin servicio la línea 6 durante una hora. Los testimonios de los viajeros nos hablan de “más de lo mismo” en cuanto a las causas y las formas. Y como novedad, nos hablan de un motín de 20 viajeros que, hartos como servidor de seis años de calamidades suburbanas, han decidido aguantar (un poquito más si cabe) dentro del vagón como forma de protesta. El resultado, no se engañen, no fue el traslado del director de Metro de Madrid a la zona para pedirles disculpas y rogarles que despejaran la zona, sino enviar a la Policía Nacional a desalojarlos por la fuerza. Evidentemente, la indignación ha llevado a algunos a luchar por su derecho a la protesta. Uno de ellos, de nombre Hugo, ha sido detenido y acusado de resistencia a la autoridad. Y Carmen García Matesanz nos explica con detalles el incidente en El Mundo.

Incidente en el Metro de Madrid

Metro de Madrid ni siquiera pide disculpas en su pagina web. ¿Para qué? Si tuviese que emitir un comunicado por cada convoy averiado, tendrían que hacer de su gabinete una agencia de noticias más grande que la propia EFE.

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Actualización 4:14 am

Gerardo Ramón Lorente, otro de los viajeros afectados, ofrece su testimonio en El País.

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