Tres años después

Tres

Despertando a la mañana del domingo con La Razón y un café caliente entre mis manos, me da por pensar que, a punto de cumplirse tres años desde las elecciones de 2004, los medios de comunicación vinculados a la derecha siguen dándole vueltas a los motivos que llevaron a la victoria al PSOE. ¿No queda ya demasiado lejos en el tiempo? ¿Para cuando dejaremos de escuchar la misma cantinela del queremossaberlaverdad y el zapateroentróporatocha?

Todos los que hemos perdido a un familiar cercano (o hemos sido abandonados por una pareja) sabemos que el luto es un baúl sentimental en el que cabe de todo: autoengaños, frustraciones, acusaciones, excusas, melancolías y nostalgias de lo que pudo ser pero no fue. Pero así como este tipo de luto expira, a lo sumo, en un año, el proceso que atraviesa la derecha española se aproxima peligrosamente a un caso de psicoterapia de diván. ¿De verdad merece la pena malgastar los años de oposición en buscar justificantes a la derrota? ¿No deberían exigirse los dirigentes populares un período de reflexión para descubrir en qué pudieron fallar para ser derrotados el 14 de marzo de 2004? Nadie lo expresó mejor que Alberto Ruiz-Gallardón en el XV Congreso del PP: “Algo hemos debido de hacer mal“.

El PSOE lo hizo mejor en 1996. De nada servía culpar a terceros de los desastres generados por sus dirigentes. Cierto es que en septiembre de 1998, Felipe González hizo la pantomima de acompañar a Rafael Vera a las puertas de la prisión de Guadalajara, aunque en este caso, más que por inventar conspiraciones, el ex-presidente del gobierno pretendía librarse del escándalo del Grupo Antiterrorista de Liberación (GAL). La X con que la investigación denominó al responsable último de la organización, apuntaba con tal fuerza a la Moncloa que González no podía permitirse dejar insatisfechos a sus subordinados. No fueran a cantar. Pero dejando a un lado la infamia del GAL, los socialistas comenzaron una travesía de rejuvenecimiento del partido que, por un lado, los liberó de las culpas de sus antecesores (Filesa, Roldán, Guerra, etc.) y, por otro lado, conformó la base del partido que actualmente gobierna España. Ningún dirigente de la ejecutiva socialista anterior a 1996 (a excepción de Rubalcaba, entonces ministro de Educación) mantiene un cargo de responsabilidad en el partido. Y bien que el PSOE lo ha agradecido.

En la orilla contraria aún no se han enterado de que, si el PP salió derrotado en 2004, fue por sus propios errores. Enmascarar durante tres días la autoría de los atentados del 11-M por miedo a perder las elecciones (no olvidemos que la decisión de atacar Iraq se tomó, no sólo en contra de la ONU, sino especialmente en contra de la opinión de los españoles), fue un insulto a la democracia y, consecuentemente, la razón última de su derrota. Si durante aquellos días que transcurrieron entre las explosiones y las urnas, el Partido Popular hubiese defendido con uñas y dientes su posición en las Azores, y hubiese transmitido a la ciudadanía el mismo mensaje de fortaleza que George W. Bush dirigió a los norteamericanos (para salir reelegido presidente) ese mismo año, los populares no tendrían ahora que tirar de peones negros para justificar su derrota. Pero no lo hicieron así. Prefirieron mentir, así como ahora prefieren ignorar la realidad y culpar a los astros de sus desdichas.

El Mundo y La Razón le hacen un flaco favor al PP al compartir su cruzada conspiranoica. Hace unos días, un editorial de El Mundo (“La Conexión ETA-Asturias estaba escrita“) afirmaba que Antonio Toro Castro había negociado con ETA la venta de una cantidad de explosivos a comienzos de 2003 y que, por ello, se demostraba la relación entre Al Qaeda y ETA. ¿Ah sí? Del mismo modo, podríamos añadir que cualquier persona que hubiese contactado con Antonio Toro en los últimos años para comprar unos gramos de hachís, tiene relación con el 11-M.

Ahí queda ese silogismo para el sumario. Esperemos que el juez Del Olmo no lo tenga en cuenta, porque de lo contrario los pasillos del juicio del 11-M van a estar más animados que la plaza del 2 de Mayo un sábado por la noche.

2 respuestas a Tres años después

  1. Chiqui dice:

    Eso te pasa por leer La Razón nada más levantarte…. Nunca aprenderemos.

  2. hgarrido dice:

    Los bares de barrio, que se suscriben a cualquier cosa…

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