Primero, la bomba

21 de marzo de 2007
“Hasta ahora lo que hemos hecho ha estado de acuerdo con las normas internacionales, pero si emprenden acciones ilegales, nosotros también podemos emprenderlas y lo haremos”.

Alí Jamenei, líder espiritual iraní, advierte sobre las consecuencias de la imposición de sanciones a Irán por parte del Consejo de Seguridad de la ONU.

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24 de marzo de 2007
Irán captura a 15 marinos de la Armada británica en aguas del golfo Pérsico”.

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31 de marzo de 2007
“(…) Es difícil adivinar qué provecho puede obtener Teherán del prolongado apresamiento y de la exhibición televisada de los militares”.

Columna editorial de EL PAIS (“Irán arriesga“) del día de hoy

 

ahmadineyad

No creo que (como dicen los editorialistas de EL PAIS) sea tan difícil imaginar el objetivo de Irán con la crisis de los marinos británicos. Ya lo advertía Alí Jameini durante la celebración del año nuevo iraní, cuando se otorgaba el derecho a responder ilegalmente a acciones ilegalmente tomadas contra su país. Irán nunca ha aceptado la legitimidad del Consejo de Seguridad de la ONU para imponerle sanciones por su programa nuclear. Pero los últimos escudos utilizados por Irán para frenar las sanciones (Rusia y China) han ido derribándose progresivamente… y el régimen iraní va quedándose sólo.

Las primeros disidentes con la estrategia de Mahmud Ahmadineyad comienzan a aparecer en Teherán, aunque al núcleo duro del régimen iraní parece darle igual porque se trata de una cuestión de tiempo. Y exclusivamente de tiempo. Si distrayendo la atención internacional del programa nuclear (secuestro de soldados israelíes, guerra en el Líbano, insurgencia en Irak, etc.), el régimen de Teherán consigue el tiempo necesario para obtener la bomba, cualquier escaramuza intermedia será más que bienvenida. Será… deseable.

Fíjense en Corea del Norte. Después de dos décadas de negociaciones, después de años repletos de un quítame aquí este reactor y un dame allá esas ayudas alimentantarias, el régimen de Kim Jong-Il ha conseguido tiempo suficiente para desarrollar su tecnología balística y nuclear, como para que ningún otro país ose lanzar un ataque sobre su territorio.

Primero, la bomba.

Después, la paz.

Y Ahmadineyad lo sabe.

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