Verdades oficiales

“Una sociedad democrática que cree en la libertad no puede poner limitaciones para las ideas, ni siquiera para las más absurdas y aberrantes. Y debe autorizar que en su seno los historiadores se equivoquen o desbarren sosteniendo por ejemplo que la tierra es cuadrada o que la iglesia católica nunca quemó a las brujas o que no hubo guerras napoleónicas (…) En las democracias, las ideas falsas son generalmente desbaratadas y eliminadas gracias a la libertad de crítica y al debate intelectual y la verdad científica se va abriendo paso dentro de un bosque de confusión y equivocaciones. (…) Para corregir las falsedades históricas garrafales no hay otra forma que mantener abierta a todos los ciudadanos la libre expresión del pensamiento, estimulando el debate y la discrepancia, y la existencia de las verdades contradictorias, como las llamaba Isaiah Berlin.”

Mario Vargas Llosa critica hoy en EL PAIS (y ayer en el Diario Las Américas) la decisión tomada por el Parlamento Europeo de considerar delictiva la negación del Holocausto judío en la Alemania nazi.

Llegué a pensar que nunca diría esto pero… estoy de acuerdo con Vargas Llosa. No podemos condenar las ideas equivocadas porque estaríamos cercenando la libertad de expresión , que fue una de las grandes conquistas de las sociedades democráticas.

Y tendríamos que hacer una distinción radical entre el error por equívoco y/o el error intencionado. A este último, el pueblo llano también lo llama mentira. ¿Cuál es el peligro de confundir una cosa con la otra? Que si bien el error puede ser demostrado al que se equivoca (y éste modificar su opinión en consecuencia), el mentiroso dfícilmente cambiará de opinión porque ningún hecho que refute sus teorías le hará cambiar sus motivos para seguir mintiendo. La mentira, pues, no forma parte del ámbito de lo exacto/inexacto sino de lo moral/inmoral.

Insisto en una idea que me he hartado de defender en los últimos años: sólo la sociedad y sus ciudadanos son culpables de comprar mentiras. La prueba es que cuanto menos evolucionada y más alienada es una sociedad (Houllebecq incluiría aquí a la gran mayoría de países musulmanes), más mentiras se compran por incultura, ignorancia o por simple estulticia.

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