Kosovo y el bambino Gemma

Contaba ayer el diario AS que la Liga de fútbol de este año se está decidiendo por la Zona Cesarini. Y nos explica quién era Renato Cesarini.

Renato Cesarini, campeón del mundo en 1934 y 1938, marcó una época dorada en River y luego en la Juventus, donde marcó 44 goles en 128 encuentros. Los puristas italianos llaman en Italia ‘Zona Cesarini’ a los últimos minutos del partido, esos que están a caballo entre el final y el descuento, en memoria a este futbolista que le marcó un gol con Italia a Hungría en el minuto 91, el 13 de diciembre de 1931.

Leyendo sobre cómo se ha resuelto esta Liga, he recordado a aquel bambino italiano, Franco Gemma que, con los ojos vendados, decidió por el sofisticado método de la bolita dentro del saco si España o Turquía debían acudir al mundial de 1954 en Suiza tras quedar empatados en la fase de clasificación.

El azar de Cesarini. El azar de Gemma. 

Quizás, si muchos de los conflictos (supuestamente irresolubles) que atenazan por empate a sus litigantes, pudieran resolverse por el método Gemma, no habría quejas por ninguna de las partes. Quiero decir, imaginen la situación actual en Kosovo. ¿No es una situación incapaz de resolverse sin dejar insatisfecha a alguna de las partes? Y las dos tienen sus razones. Y las dos igualmente válidas. Por un lado, Serbia dice que un territorio no puede forzar unilateralmente su independencia de un estado soberano. En España sabemos mucho sobre esta idea por la ambición independentista vasca y catalana. Una idea para la que Serbia cuenta también con el apoyo de Rusia. ¿Y de Naciones Unidas también? Pues curiosamente, no. La máxima organización internacional, pese a defender la integridad de los territorios soberanos, se alinea del lado kosovar y, a través de su representante en este entuerto, el finlandés Matti Ahtisaari, defiende la independencia de Kosovo. Y del brazo de la opinión de la ONU se agarra Estados Unidos.

Y digo yo. En estos atascos políticos, ¿no sería adecuadísma una solución à la bambino Gemma? ¿Un lugar de encuentro dominado por el puro azar, ante el que ninguno pueda apelar?

Cuando las razones no tienen lugar de encuentro, sólo quedan dos opciones. O apelar a las armas para imponer ideas… o apelar a lo inapelable. Y no hay nada más inapelable que el azar. ¿Quién podría recurrir al resultado de un cara o cruz? ¿Quién se sentiría legitimado a discutir un pares o nones? ¿O un piedra, papel o tijera?

Puede sonar estúpido, pero más idiota es resolver los problemas estancados… contando cadáveres.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: