No habrá Dios que los entienda

Benedicto XVI recupera la misa en latín

Ya venía anunciándose desde hace tiempo que Ratzinger quería recuperar el latín para el oficio de las misas. Y ahora, de motu propio, lo ha conseguido. Recuerdo que de pequeñito, cuando ir a misa era un acto social al que te veías arrastrado si tus progenitores le daban al catolicismo dominicial, recuerdo, digo, que el momento más emocionante de la tarde (no había demasiados), se producía cuando las viejecitas cantaban a coro el Ave Regina, Mater Misericordiae. Yo alucinaba con aquello. Mujeres humildes, algunas incluso con cierto aspecto de podredumbre, recitando versos en latín. ¡La abuelas entonaban cánticos en una lengua muerta! A mí me daba mucha envidia. Y mucha curiosidad. Mujeres que sentían sus voces en latín, que se emocionaban con el cántico. Después, esa misma curiosidad me hizo descubrir que, en realidad, aquellas abuelitas no tenían ni la más remota idea de lo que estaban cantando.

Y es que la religión, en cualquiera de sus variantes monoteístas, se nutre precisamente de eso, de la veneración por lo desconocido, de totemizar lo lejano, del consuelo irracional del dolor y, por qué no, de la ignorancia del ser humano. Pero ojo. Que no son las viejecitas la únicas ignorantes. Seguro que muchos de los que paran por este blog han acudido en alguna ocasión a clases de yoga. ¿Habéis probado a preguntar a algún asistente, personas inteligentes y formadas (se supone) qué significa aquello que cantan tras la sesión de asanas, durante la meditación, el kirtan que lo llaman, cuando todos recitan aquello de shanti, shanti, shanti? Haced la prueba. Y observad sus caras.

Por eso me parece estupendo que las misas sean en latín, porque la iglesia recuperaría así la esencia de su existencia: el proselitismo de lo irracional. Y porque seamos sinceros, a la iglesia no hay Dios que la entienda desde que Pablo de Tarso, un judío converso, y Constantino de Roma, se empeñaron, primero en universalizar el cristianismo, y después, en obligatorizarlo.

Entonces, ¿el latín? Pues es el idioma perfecto para hacer comprender lo incomprensible. Es lo que ha pretendido desde siempre el cristianismo. Y me parece perfecto. En esta vida, sobre todo, hay que ser coherentes.

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